Un pequeño recorrido por un camino encantado, hasta llegar al cañón del río, la ermita y la enorme cueva del cíclope.
Subir a las alturas, pero no por el camino fácil, sino escalando por fuera del tobogán.
Remojar los pies en un arroyuelo de la Mancha.
Formar parte por una tarde de un espectáculo medieval en un castillo.
Entre el olivar del patio de la iglesia, jugar y recoger aceitunas de los árboles, mientras esperamos a que comience el espectáculo.
Observar una rana en el fondo de este pequeño estanque, rodeado de colas de caballo.
Escalar una pequeña colina. Cuando uno es pequeño, todo se convierte en aventura... y de las "peligrosas".
Remojarse los pies en unas cataratas, sobre un suelo resbaladizo, también puede convertirse en una gran diversión.
Y los hinchables. Horas y horas de diversión bajo el sol.
Otra charca, que ahora se convierte en origen de recuerdos de tiempos pasados, de un baño hace años.
Desde la cumbre del castillo se divisaba una gran extensión de la región. La puerta Califal es una de las mejores zonas que se conservan.

